martes, febrero 28, 2006

El diario de Clara.

Sentada tras las cortinas color crema de la ventana de su cuarto, Clara ve a lo lejos los árboles de Hyde Park. Una suave luz dorada colorea este atardecer del mes de septiembre de 1876. Clara siente una mezcla de excitación y tristeza, y la vuelca en las páginas de su diario, rincón secreto de sus confidencias. Clara tiembla de emoción al saber que ha sido admitida en la recoleta Escuela de Medicina de Mujeres de Henrietta Street. Su esfuerzo de los últimos meses por adquirir los conocimientos indispensables previos a su entrada en la escuela, se han visto premiados. Y no sólo ha tenido que estudiar latín con el pastor de la iglesia anglicana de Brompton Road, y química y ciencias buceando a solas en la biblioteca familiar y pidiendo tímidamente ayuda al tutor de su hermano pequeño, sino que también ha tenido que convencer con argumentos, lágrimas, e incluso enfados y silencios, primero a su padre y, lo más incomprensible para ella, luego a su madre, enferma durante semanas ante el despropósito de la rebelde Clara. Pero al fin lo ha conseguido y ahora son ellos, sus padres, quienes celebran su triunfo.

Pero este atardecer, en que un rayo del débil sol londinense dora las copas de los árboles del parque, Clara tiembla también ante las dificultades que se presentan ante ella. Y suspira profundo, recordando las palabras que hoy le ha dirigido otra mujer, emprendedora inagotable. Se trata de esa tal Sophia Jex-Blake, la luchadora de Edimburgo, quien ha sido la impulsora, el alma de la Escuela.

Y del miedo agazapado en el corazón, Clara pasa a sentir una profunda emoción e, incapaz de expresarla con palabras en su diario, se levanta, sale de la habitación con pasos silenciosos, entra en la sala de música y comienza a tocar en el piano su pieza favorita....

domingo, febrero 26, 2006

Capuccino in Women's Library

Esta tarde pasé unas horas perdida entre las estanterías de la Biblioteca de Mujeres de mi querido Londres. Esa Women's Library, tan cercana al metro de Aldgate East, que la violencia sacudió hace meses. Y allí, ojeando libros, leyendo viejos manuscritos gracias a la moderna tecnología, recorriendo las noticias del English Woman's Journal, quizás el mismo ejemplar que un día descubrió Clara March y cambió su vida, despertando en ella el deseo de ser doctora... allí he pensado que estaba en uno de esos lugares propios, que tanto necesitamos las mujeres. Un lugar de esos ansiados por la intuitiva e inteligente Virginia, un lugar donde la hermana de Shakespeare sí hubiera podido crear obras maestras. Aún no hemos alcanzado la ansiada libertad, aún caminamos bajo el peso de invisibles burkas, pero podemos, al menos en algunas ocasiones, disfrutar de estos lugares, recintos casi sagrados, donde dejar de lado la carga de roles y papeles asignados, para ser mujeres, mujeres creadoras, mujeres que reconstruyen su propia historia, mujeres, mujeres... Y he agradecido, en el silencio de esta tarde londinense, a Clara March y otras tantas como ellas que empujaron las barreras, ampliando los muros del jardín que nos aprisionaba. Y lo he celebrado tomando un cappuccino en la pequeña cafetería de la Women's, mientras escribía en una agenda vieja estos ¿versos? dedicados a la Clara March que no conocí pero podría ser yo misma.

CAPUCCINO IN WOMEN’S LIBRARY


Doing research
in Women’s Library
such a dream
come true.

Came back to a sacred place
I discovered
for the first time
in the pages of an old book
bought in Gibraltar
years ago.

I thought of learning,
learning about feminism!

Oh, life, how funny
you may be.
I can’t believe
we are souls
looking for a mission,
but, really,
life is queer, anyway.

Grey cold London
in this early afternoon,
cherished shrine of wisdom
I came to you
just to have
cappuccino with chocolate cake.
How funny, queer, life is.

sábado, febrero 25, 2006

Christine Spengler

Christine Spengler es una fotógrafa de guerra con una mirada especial. Sus fotos hablan de los conflictos del mundo desde otro punto de vista, quizá porque es mujer. Por supuesto que se ven soldados y armas, pero, sobre todo, en ellas se ven escenas de la vida cotidiana: niños jugando entre las ruinas, los tanques y los soldados, mujeres con sus hijos, mujeres hablando con otras mujeres... Como si el día a día todavía fuera posible enmedio de las balas.
Según cuentan sus biógrafos, nació en Francia y se crió en Madrid y su afición por la fotografía surgió un día en que, estando en el Chad con su hermano, éste le dio una cámara Nikon con la que fotografió a unos rebeldes tubus descalzos, disparando contra los helicópteros franceses. Después recorrió el mundo con su cámara y retrató a la gente que sufre en los conflictos: Irlanda del Norte, Vietnam, Camboya, Líbano... Asimismo, ha participado en numerosos certámenes y exposiciones internacionales de fotografía. He seleccionado unas cuantas páginas web para que veáis su obra, no todas están en español, las hay en inglés y francés. No sé si todos lo podréis entender, pero, al menos, las fotos os dirán mucho.

  1. Entrevista 1
  2. Entrevista 2
  3. Lensculture
  4. Photogaleria
  5. Especial El Mundo 2001
  6. Colecciones Elysee

miércoles, febrero 22, 2006

Clara March 2

Cuando Clara March entró por primera vez en aquella escuela de medicina esa tarde de 1875, hacía dos años que Sergei Rachmaninov había nacido en Rusia y hasta 1901 no estrenaría su Concierto para piano nº2, del cual Celine Dion mucho tiempo después haría una versión cantada llamada "All by myself". Por tanto, Clara, aunque pianista más que aceptable, aún no había tocado el "Concierto nº2" de Rachmaninov en las 88 teclas de su piano ni en las 90 de los pianos de gran cola que solían estar presentes en los bailes de la sociedad londinense de la época. Además, todavía faltaban 98 años para que yo naciera y unos cuantos más para que una tarde de julio tomando un helado en el puerto de Benalmádena, Elisa me contara la historia de Clara March, pionera de la medicina en Gran Bretaña. Algunos meses antes, una noche de enero y tapados con una manta en el sofá de mi casa, quien yo creí el amor de mi vida (aunque luego no lo fue) me había hecho escuchar el "Concierto nº2", cuya melodía me acompañaría ya para siempre. Pues hasta entonces, en mi vida no había piano, la única música que yo escuchaba era pop de los 80. Hasta que llegó él y supo tocar con sus manos expertas todas mis teclas.

lunes, febrero 20, 2006

Clara March.

Cae la tarde londinense. Recogiendo suavemente su falda, larga falda de 1875, Clara camina por las calles de Bloomsbury. Soñadora, feminista, hambrienta de las libertades que su época le niega, Clara imagina cómo ella y otras como ella harán cambiar el mundo con sus votos. Es primavera, los narcisos amarillos han traído un rayo de sol a las verdes plazas de la ciudad. Clara sueña con ser una de las mujeres que comience a estudiar, traspasando los muros, hasta entonces infranqueables de la universidad. Ella, señorita bien, destinada a ligeros conocimientos de francés y de dibujo, a tocar el piano con mirada recatada y acompañar a su madre en insulsas visitas sociales, ella, ha decidido ser algo prohibido. Y dirige esta tarde sus pasos hacia una recoleta esquina en Henrietta Street, donde sabe que hace meses abrió sus puertas una escuela de medicina para mujeres. ¿Cuál será el futuro de la soñadora Clara March?