Esta tarde pasé unas horas perdida entre las estanterías de la Biblioteca de Mujeres de mi querido Londres. Esa Women's Library, tan cercana al metro de Aldgate East, que la violencia sacudió hace meses. Y allí, ojeando libros, leyendo viejos manuscritos gracias a la moderna tecnología, recorriendo las noticias del English Woman's Journal, quizás el mismo ejemplar que un día descubrió Clara March y cambió su vida, despertando en ella el deseo de ser doctora... allí he pensado que estaba en uno de esos lugares propios, que tanto necesitamos las mujeres. Un lugar de esos ansiados por la intuitiva e inteligente Virginia, un lugar donde la hermana de Shakespeare sí hubiera podido crear obras maestras. Aún no hemos alcanzado la ansiada libertad, aún caminamos bajo el peso de invisibles burkas, pero podemos, al menos en algunas ocasiones, disfrutar de estos lugares, recintos casi sagrados, donde dejar de lado la carga de roles y papeles asignados, para ser mujeres, mujeres creadoras, mujeres que reconstruyen su propia historia, mujeres, mujeres... Y he agradecido, en el silencio de esta tarde londinense, a Clara March y otras tantas como ellas que empujaron las barreras, ampliando los muros del jardín que nos aprisionaba. Y lo he celebrado tomando un cappuccino en la pequeña cafetería de la Women's, mientras escribía en una agenda vieja estos ¿versos? dedicados a la Clara March que no conocí pero podría ser yo misma.
CAPUCCINO IN WOMEN’S LIBRARY
Doing research
in Women’s Library
such a dream
come true.
Came back to a sacred place
I discovered
for the first time
in the pages of an old book
bought in Gibraltar
years ago.
I thought of learning,
learning about feminism!
Oh, life, how funny
you may be.
I can’t believe
we are souls
looking for a mission,
but, really,
life is queer, anyway.
Grey cold London
in this early afternoon,
cherished shrine of wisdom
I came to you
just to have
cappuccino with chocolate cake.
How funny, queer, life is.