Con los cinco sentidos.
Un paseo junto al mar. Paella valenciana. Chocolate negro con trocitos de naranja. La luz del mediterráneo en un día invernal. Tabarca al fondo. Las rocas, duro asiento. Confesiones. Miradas. El roce de tu piel en un abrazo. No querer soltarnos las manos. La música en mi coche. “Están as nubes chorando/ por un amor que morréu/ están as ruas molladas/ de tanto como choveu.” Sales, dejas la puerta abierta y me das la espalda mirando al mar. Me espero dos minutos, apago la radio, salgo y cierro el coche. Me guardo la llave en el bolsillo mientras me acerco a ti y no me atrevo a tocarte. Te hablo, te giras, me abrazas. “Perdona”. No hay nada que perdonar. Al fondo, Alicante. Detrás, el faro de Santa Pola. “Quero mirarme/ nas meniñas dos teus ollos/ non me deixes/ e ten compasión de min/ sen ti non podo/ sen ti non podo vivir.” Volvemos al coche. Nos vamos a casa.
